El sector primario canario encuentra en las nuevas generaciones uno de sus mayores pilares de futuro. Un claro ejemplo es el de Michael Candelario, joven vitivinicultor de tan solo 25 años que, desde Puntagorda (La Palma), ha logrado posicionar sus vinos en mercados internacionales como Estados Unidos, Suecia, Alemania e Italia.
Considerado ya como “la joven promesa del vino”, Candelario produce alrededor de 10.000 kilos de uva al año y comercializa unas 8.000 botellas, consolidando un proyecto que combina tradición familiar, formación técnica y visión empresarial.
Formación, ayudas públicas y apuesta por el relevo generacional
Formado como técnico superior en Vitivinicultura en la Escuela de Capacitación Agraria de Tacoronte, uno de los centros dependientes del Gobierno de Canarias, el joven viticultor ha podido poner en marcha su proyecto gracias al respaldo institucional.

En concreto, ha recibido una subvención del Plan Estratégico de la PAC (PEPAC) destinada a la primera instalación de jóvenes agricultores, gestionada por el Ejecutivo autonómico y cofinanciada por la Unión Europea y el Gobierno de España.
Además, tiene previsto acogerse a nuevas líneas de ayuda orientadas a:
- Modernización de explotaciones agrarias
- Mejora del suelo y lucha contra la erosión
- Compromisos medioambientales en la producción
Un conjunto de medidas clave para impulsar un modelo agrícola más sostenible, competitivo y adaptado a los retos actuales.
Apoyo institucional al talento joven del campo canario
Durante la visita a su bodega, el consejero de Agricultura, Ganadería, Pesca y Soberanía Alimentaria del Gobierno de Canarias, Narvay Quintero, destacó la importancia de este tipo de iniciativas.
“Estas ayudas son esenciales para garantizar el relevo generacional en el campo canario y asegurar el futuro de una actividad estratégica para nuestra alimentación y economía”, señaló.

Asimismo, puso en valor el perfil de Candelario:
“Su talento y capacidad emprendedora reflejan la importancia de contar con profesionales cualificados para avanzar hacia un sector más moderno, competitivo y resiliente”.
En la visita también participaron el presidente del Cabildo de La Palma, Sergio Rodríguez, el consejero insular del área, Alberto Paz, y el alcalde de Puntagorda, Vicente Rodríguez Lorenzo.
Tradición familiar y visión global
La historia de Michael Candelario está profundamente ligada al territorio. Su familia lleva cuatro generaciones elaborando vino, inicialmente para consumo propio, lo que ha marcado su vocación desde temprana edad.
En 2015, siendo aún muy joven, presentó su primer vino a un concurso local, iniciando una trayectoria que despegaría definitivamente en 2023, cuando comienza su actividad profesional.
Actualmente, gestiona parcelas de viñedo en Puntagorda, combinando:
- Cultivo en secano
- Cultivo en regadío
- Compra de uva a productores locales
Un modelo que refuerza el tejido agrícola de la zona y fomenta la economía local.

Viticultura heroica y respeto por el entorno
El proyecto de Candelario se enmarca dentro de la denominada viticultura heroica, caracterizada por las condiciones extremas de cultivo, como la altitud y la orografía del terreno en La Palma.
Su filosofía de trabajo se basa en:
- Respeto por el entorno natural
- Cuidado del suelo como base de la calidad
- Equilibrio del viñedo
El resultado, según el propio viticultor, son:
“Vinos frescos, complejos y fieles al carácter de La Palma”.
Un ejemplo del futuro del sector primario en Canarias
El presidente del Cabildo de La Palma, Sergio Rodríguez, destacó que perfiles como el de Candelario representan el camino a seguir:
“Es el mejor ejemplo de que el sector primario tiene futuro si combinamos tradición, formación y una visión ambiciosa del mercado”.
Además, subrayó el valor de la proyección internacional:
“Exportar la esencia de Puntagorda a mercados exigentes demuestra que nuestra viticultura es un producto de lujo capaz de competir a nivel global”.
Jóvenes, innovación y soberanía alimentaria
El caso de Michael Candelario refleja una tendencia creciente en Canarias: la incorporación de jóvenes al sector agrario con una visión innovadora, sostenible y abierta al mercado internacional.
Un modelo que no solo garantiza el relevo generacional, sino que también fortalece la soberanía alimentaria, preserva el paisaje y mantiene vivas las tradiciones del medio rural.
En definitiva, una historia de esfuerzo, formación y pasión por la tierra que sitúa a La Palma y a Canarias en el mapa mundial del vino.