La isla de Fuerteventura conmemora el Día Mundial de los Humedales, que se celebra cada 2 de febrero, poniendo en valor la recuperación de charcas, saladares y lagunas temporales gracias a las lluvias registradas en los últimos meses. Una circunstancia que ha permitido reactivar ecosistemas que permanecían secos desde hacía años y que vuelve a situar a los humedales como espacios clave para la biodiversidad y la resiliencia ecológica.
El Cabildo de Fuerteventura, a través de su Consejería de Medio Ambiente, se suma a esta conmemoración internacional invitando a la ciudadanía a reconocer el valor esencial de estos ecosistemas y su estrecha relación con los conocimientos tradicionales y el patrimonio cultural. Este año, el Día Mundial de los Humedales se celebra bajo el lema “Los humedales y los conocimientos tradicionales: celebremos el patrimonio cultural”.
La presidenta del Cabildo, Lola García, destaca que la celebración de este día llega en un momento especialmente significativo para la isla. Las lluvias recientes han tenido un efecto claramente positivo sobre los humedales majoreros, favoreciendo la recarga natural del suelo y devolviendo la vida a espacios naturales que forman parte de la memoria del territorio. Este reverdecer del paisaje vuelve a evidenciar el papel fundamental de los humedales como reservas de biodiversidad y como elementos clave frente a los efectos del cambio climático.

Por su parte, el consejero de Medio Ambiente, Carlos Rodríguez, subraya que conservar los humedales es preservar la vida, la identidad y el futuro de la isla. En un contexto marcado por el cambio climático, señala que integrar la sabiduría tradicional con la gestión ambiental actual se presenta como una herramienta esencial para garantizar la sostenibilidad de estos espacios únicos.
En este sentido, Rodríguez recuerda que Fuerteventura alberga el Saladar de Jandía, el único humedal del Archipiélago incluido en el Convenio Ramsar, un reconocimiento internacional que pone de relieve su importancia para la biodiversidad, la regulación hídrica y la adaptación al cambio climático.
El Saladar de Jandía constituye además un enclave clave para especies adaptadas a condiciones extremas y un ejemplo del equilibrio histórico entre la naturaleza y los usos tradicionales del entorno. Durante generaciones, la población majorera supo interpretar los ciclos del agua, aprovechar los recursos de forma respetuosa y transmitir conocimientos ligados a la tierra, la ganadería y la gestión del agua, saberes que hoy se reconocen como fundamentales para la conservación de los humedales.