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Puerto del Rosario volvió a vivir uno de esos fines de semana en los que el deporte deja de ser únicamente deporte para convertirse en memoria, convivencia, tradición y emoción. El Pabellón Oasis volvió a ser el gran punto de encuentro del baloncesto majorero con la celebración de la 43ª edición del Memorial Ramón Castañeyra Góngora – 24 Horas de Baloncesto, una cita que, más de cuatro décadas después de su nacimiento, continúa manteniendo intacto el espíritu con el que fue concebida.
Durante 37 horas, con 29 de ellas de manera ininterrumpida, el balón volvió a ser protagonista. Un total de 46 equipos, desde las categorías infantiles hasta veteranos, participaron en una edición que reunió además a más de 70 niños y niñas en el Encuentro de Benjamín y Minibasket celebrado durante la jornada del sábado.
Pero este año hubo algo más. Porque entre canastas, camisetas, gradas llenas, música, actuaciones, risas y competición, el Memorial tuvo muy presente a una persona que forma parte inseparable de la historia de este evento y del baloncesto majorero: Teresa de León, una de sus fundadoras, fallecida este año.
Y precisamente por eso, esta 43ª edición tuvo un significado especialmente especial.
La emoción alcanzó uno de sus momentos culminantes en la final sénior masculina, protagonizada por Los Muyayos y All Estrellados.
Las gradas del Oasis se llenaron para acompañar un encuentro tremendamente igualado. Los Muyayos regresaban a una final con un equipo basado en jugadores de Corralejo y reforzado para la competición, mientras que All Estrellados se convirtió en una de las grandes sorpresas del cuadro masculino, con jugadores locales y otros con experiencia en categorías de alto nivel.
El desenlace estuvo a la altura de la historia del Memorial.
El empate llevó el partido a la particular fórmula de desempate de las 24 Horas: la denominada “canasta de oro”, una especie de muerte súbita en la que el primer equipo que consigue anotar se proclama vencedor.
Y esta vez la historia se escribió desde la línea de tiros libres.
Un tiro libre de Los Muyayos decidió la final y dio el campeonato al conjunto majorero, en un desenlace que convirtió el último instante del partido en uno de los momentos más recordados de esta edición.
La organización ya ha recogido las opiniones de aficionados y equipos y estudiará para próximas ediciones una posible modificación de su reglamento para que, únicamente en las finales, pueda disputarse una prórroga de dos minutos antes de recurrir a la muerte súbita.
En la categoría sénior femenina, Brigada volvió a demostrar su fortaleza y revalidó el campeonato, después de imponerse a Las Clipper.
El conjunto rival protagonizó una de las historias destacadas del torneo. Formado por jugadoras cadetes, Las Clipper sorprendió desde el primer partido y fue avanzando en la competición hasta alcanzar la gran final.
Enfrente se encontró con la experiencia y la fuerza de las vigentes campeonas, que terminaron imponiendo su juego para volver a levantar el título.
Una final que volvió a demostrar que las 24 Horas son mucho más que un torneo y que cada año ofrecen también oportunidades para que nuevas generaciones se incorporen, compitan y encuentren su espacio dentro del baloncesto majorero.
Si algo caracteriza al Memorial Ramón Castañeyra Góngora es que las canastas son solamente una parte de la historia.
La competición también se vive con humor, creatividad, música, disfraces, coreografías y actuaciones que convierten el pabellón y sus alrededores en una auténtica fiesta deportiva.
En esta edición, el Premio Andrés Valerón a la mejor performance fue para Tiro y Rezo, gracias a una actuación que combinó música, baile, interpretación de diferentes personajes y numerosos cambios de vestuario.
La propuesta fue la mejor valorada por el jurado dentro de uno de los apartados que mejor representan la personalidad del Memorial. Muchos equipos preparan durante semanas sus nombres, uniformes, coreografías y actuaciones, demostrando que las 24 Horas se viven mucho más allá del resultado que aparece en el marcador.
También hubo espacio para otro de los clásicos del programa: el Concurso de Triples Javi Calero, que tuvo como ganador a Adrián, del Bombillo Rojo.
Una de las grandes fortalezas del Memorial es precisamente su capacidad para reunir en torno a una misma pista a distintas generaciones.
Desde los más pequeños hasta quienes llevan décadas vinculados al baloncesto, todos tienen su espacio.
En categoría cadete femenina, El Baizo se proclamó campeón tras vencer por 32-21 a Al Triplito, mientras que en cadete masculino, Los Bolichosos se impusieron por 65-23 a Los Blues.
En el triangular infantil, CB Los Últimos terminó en primera posición, seguido por Las Nietas de Pepe, mientras que Tamofire ocupó la tercera plaza.
Y los veteranos tampoco faltaron a su cita con la historia. En el encuentro correspondiente a esta categoría, Fuerteventura se impuso por 41-28 a CAF.
Así, el Memorial volvió a cumplir una de sus grandes señas de identidad: hacer del baloncesto un punto de encuentro entre generaciones.
Pero si hubo un nombre que estuvo especialmente presente durante esta edición fue el de Teresa de León.
Su fallecimiento este año hizo que el recuerdo de una de las fundadoras del evento estuviera presente durante todo el Memorial. Y la organización quiso hacerlo de una manera muy especial: no desde la tristeza, sino desde la personalidad, el humor y la alegría que la caracterizaban.
Sus expresiones más conocidas —“sí misté”, “chiquillos de porra”, “una caña porqueriusa” o “las chicas son guerreras”— decoraron los vasos del ventorrillo, convirtiendo palabras que forman parte del recuerdo de muchas personas en un homenaje cercano y lleno de vida.
Teresa de León fue impulsora del baloncesto majorero y ejerció como expresidenta de la extinta Federación de Baloncesto de Fuerteventura, pero su huella fue mucho más allá de los cargos o de la organización deportiva.
Fue, sobre todo, una persona querida.
Y por eso el homenaje buscó precisamente mantener vivo aquello que la hacía reconocible para quienes compartieron camino con ella.
Desde el colectivo MERACAS se explicó que a Teresa no le habría gustado ser recordada únicamente desde un momento triste o mediante un minuto de silencio. La elección de sus frases y de su particular manera de expresarse pretendía convertir su recuerdo en algo mucho más próximo a la forma en la que quienes la conocieron la siguen recordando.
Porque hay personas que no desaparecen del todo cuando se van. Permanecen en las palabras, en las costumbres, en las historias compartidas y, sobre todo, en las personas que continúan haciendo aquello que ayudaron a construir.
Y Teresa estuvo presente en esta edición de las 24 Horas precisamente de esa manera.
El Memorial Ramón Castañeyra Góngora no es una competición más dentro del calendario deportivo de Fuerteventura.
Es una tradición que forma parte de la historia reciente de Puerto del Rosario y que nació vinculada a las Fiestas del Rosario.
El evento se desarrolla desde 1984 y tiene un marcado carácter social, lúdico y festivo. Aunque está basado en el baloncesto, se trata de una competición no oficial que cuenta con sus propias normas, diferentes de las federativas.
El nombre de Memorial Ramón Castañeyra Góngora fue adoptado en 1984, durante la segunda edición de las 24 Horas de Baloncesto.
Un año antes, en 1983, un grupo de jóvenes majoreros vinculados al mundo del baloncesto había puesto en marcha el primer torneo. Posteriormente, aquellos mismos jóvenes decidieron constituir el Colectivo MERACAS (Memorial Ramón Castañeyra) con el objetivo de dar continuidad al evento y mantener vivo el recuerdo de su compañero desaparecido.
Más de cuarenta años después, aquella iniciativa continúa viva.
Y lo hace gracias al compromiso de quienes participaron en sus primeros años y a la incorporación de una segunda generación que ha asumido el reto de mantener encendida la llama del Memorial.
Cada último fin de semana de septiembre, familiares, amigos, antiguos jugadores, nuevas generaciones y aficionados vuelven a encontrarse alrededor de una misma pista.
El motivo es el recuerdo de Ramón, pero también la celebración de una pasión compartida: el baloncesto y la convivencia.
El Memorial se ha convertido con el paso de los años en un espacio donde caben la competición y la amistad, la rivalidad deportiva y el compañerismo, los jugadores experimentados y quienes apenas comienzan a descubrir el deporte.
Y esa mezcla es, probablemente, una de las claves que explican que siga vivo después de más de cuatro décadas.
La organización, formada por quienes mantienen ese vínculo con el Memorial y por nuevas generaciones que trabajan para garantizar su continuidad, vuelve a reunir cada año a quienes quieren recordar, pero también a quienes simplemente quieren disfrutar de una gran fiesta del baloncesto en Fuerteventura.
La entrega de premios, que contó con la participación de la concejala de Festejos, Tacoremi Gutiérrez, el concejal de Deportes, Luis Chacón, y la concejala de Urbanismo, Ana Hernández, puso el punto final a esta 43ª edición.
Pero antes de bajar definitivamente el telón, el Memorial volvió a regalar uno de esos momentos que forman parte de su propia identidad: la tradicional Fiesta de La Espuma, celebrada en la trasera de la iglesia.
Después de 37 horas de baloncesto, de 29 horas consecutivas de actividad, de partidos, finales, triples, actuaciones, risas y emociones, el Oasis volvió a quedarse en silencio.
Pero solamente hasta el próximo año.
Porque el Memorial Ramón Castañeyra Góngora ya forma parte de esas tradiciones que no necesitan explicación. Se viven.
Se esperan.
Y, cuando llegan, recuerdan a Fuerteventura que algunas historias son capaces de resistir el paso del tiempo porque detrás de ellas hay personas, recuerdos y generaciones dispuestas a mantenerlas vivas.
El balón volverá a botar. Las gradas volverán a llenarse. Nuevos equipos llegarán y otros volverán a defender su título. Y, entre una canasta y otra, seguirá presente la memoria de Ramón, de Teresa y de todas las personas que hicieron posible que aquel primer torneo de 1983 se haya convertido, más de cuarenta años después, en una de las grandes fiestas del baloncesto de Fuerteventura.