PP y PSOE en Teror: el pacto que rompe la lógica de la confrontación política en Canarias

El acuerdo de gobierno entre populares y socialistas mantiene a Teror como una de las excepciones políticas de Canarias, donde dos formaciones enfrentadas en numerosos escenarios han conseguido compartir responsabilidades y garantizar la gobernabilidad municipal

Hay acuerdos políticos que pasan prácticamente desapercibidos y otros que, por las circunstancias que los rodean, terminan convirtiéndose en una auténtica rareza.

El pacto entre el Partido Popular y el PSOE en el Ayuntamiento de Teror pertenece claramente al segundo grupo.

En un escenario político donde ambas formaciones mantienen habitualmente posiciones enfrentadas y donde alcanzar acuerdos entre ellas no siempre resulta sencillo, la villa mariana de Gran Canaria lleva varios años demostrando que, cuando se trata de gestionar un municipio, las reglas pueden ser diferentes.

PP y PSOE decidieron unir sus fuerzas tras las elecciones municipales de 2023 y formar un gobierno de coalición para el mandato 2023-2027. Una fórmula que permitió garantizar una mayoría suficiente en el Ayuntamiento y que, además, incorporó un elemento especialmente singular: el compromiso de alternar la Alcaldía durante el mandato.

La primera mitad correspondió al popular Sergio Nuez. La segunda, tal y como estaba previsto en el acuerdo, pasó posteriormente al socialista José Agustín Arencibia.

El relevo se produjo en 2025.

Y ahí aparece uno de los elementos que hacen especialmente llamativo el caso de Teror: el acuerdo no se quedó únicamente en una fotografía política o en una declaración de intenciones. La alternancia pactada terminó produciéndose.


Un Ayuntamiento donde las siglas parecen pesar menos

Teror es un municipio con una realidad política y social propia. Sus problemas son concretos y su ciudadanía reclama respuestas sobre cuestiones que poco tienen que ver con las grandes disputas nacionales.

La conservación de las vías, la limpieza, los servicios públicos, las infraestructuras de los barrios, el comercio, el sector primario, la actividad turística, las instalaciones deportivas o las necesidades sociales forman parte de la agenda cotidiana de cualquier gobierno municipal.

Y es precisamente en ese terreno donde el entendimiento entre PP y PSOE adquiere otra dimensión.

Cuando dos partidos tienen que ponerse de acuerdo sobre una obra, una inversión, un servicio o una actuación concreta, las diferencias ideológicas pueden quedar relegadas a un segundo plano.

No significa que las diferencias desaparezcan.

Significa que ambas formaciones han encontrado un espacio común suficiente para compartir gobierno.

Y eso, políticamente, no deja de ser significativo.


La aritmética electoral obligó a buscar un acuerdo

Las elecciones municipales de 2023 dejaron un escenario sin una mayoría absoluta clara.

Nueva Canarias fue la formación más votada, mientras que Partido Popular y PSOE obtuvieron también una representación importante en el pleno municipal.

El resultado obligaba a buscar entendimientos si se quería configurar un gobierno estable.

PP y PSOE optaron por hacerlo juntos.

La suma de ambas formaciones permitió construir una mayoría de gobierno y evitar que el Ayuntamiento quedara condicionado por una situación de bloqueo político.

El acuerdo estableció además una distribución de áreas y responsabilidades entre los dos partidos.

De esta manera, el gobierno municipal quedó organizado alrededor de una fórmula compartida en la que cada formación asumía determinadas competencias y participaba en la gestión del municipio.

No era, por tanto, un simple acuerdo de investidura.

Era un pacto de gobierno.

Y esa diferencia es importante.


La Alcaldía, dos años para cada partido

Uno de los elementos más singulares del acuerdo fue precisamente el reparto temporal de la Alcaldía.

Sergio Nuez asumió inicialmente el cargo en representación del Partido Popular.

Dos años después, el bastón de mando pasó al PSOE, con José Agustín Arencibia al frente del Ayuntamiento.

La operación estaba contemplada desde el comienzo del mandato.

Y cuando llegó el momento, se ejecutó.

La imagen tiene una lectura política evidente: dos partidos que compiten electoralmente aceptaron desde el principio que ninguno de ellos tendría la Alcaldía durante los cuatro años.

Ambos tendrían su turno.

Ambos tendrían responsabilidades.

Y ambos tendrían que responder ante los vecinos por la gestión realizada.

Es una fórmula poco habitual, pero perfectamente posible cuando existe un acuerdo previo y voluntad de cumplirlo.


¿Por qué funciona en Teror?

Esta es probablemente la pregunta que más juego puede dar políticamente.

¿Por qué en Teror sí?

La respuesta no tiene por qué encontrarse necesariamente en las ideologías.

Puede estar en algo mucho más sencillo: la política municipal obliga a convivir con los problemas reales.

Un vecino que reclama una actuación en su barrio no suele preguntar qué partido gobierna antes de plantear el problema.

Un comerciante necesita respuestas independientemente de las siglas.

Una carretera necesita mantenimiento independientemente de quién ocupe la Alcaldía.

Y una infraestructura municipal no entiende de bloques políticos.

En los municipios, además, los representantes públicos se encuentran diariamente con la ciudadanía y conocen de primera mano las necesidades de cada zona.

La política adquiere una dimensión mucho más cercana.

Quizá por eso determinados acuerdos que parecen difíciles de imaginar desde otros niveles institucionales terminan siendo posibles en un Ayuntamiento.


Un caso que invita a la reflexión

El caso de Teror no significa que PP y PSOE hayan dejado de ser adversarios políticos.

Tampoco implica que ambas formaciones compartan necesariamente todas sus posiciones.

Simplemente demuestra que dos partidos pueden mantener diferencias y, al mismo tiempo, encontrar suficientes puntos de coincidencia para gobernar juntos.

Y aquí aparece una cuestión interesante.

¿Debe interpretarse un pacto de estas características como una renuncia a las diferencias políticas?

¿O precisamente como una demostración de madurez institucional?

La respuesta dependerá, probablemente, del punto de vista de cada ciudadano.

Para unos, la capacidad de pactar representa una virtud.

Para otros, compartir gobierno entre partidos que compiten entre sí puede resultar difícil de entender.

Pero existe un elemento que permite medir el resultado con mayor claridad: la gestión.


Teror frente al ruido político

El escenario nacional ha convertido en numerosas ocasiones cualquier acercamiento entre PP y PSOE en motivo de debate.

Pero Teror ha seguido su propio camino.

Aquí las dos formaciones han demostrado que pueden compartir mesa, responsabilidades y Alcaldía sin que ello implique necesariamente la desaparición de sus respectivas identidades políticas.

Y quizá sea precisamente esa normalidad la que hace que el caso resulte llamativo.

No hay nada especialmente extraordinario en que dos partidos pacten.

Lo extraordinario es que lo hagan cuando sus relaciones en otros ámbitos son mucho más complicadas.

Teror demuestra que la política no siempre tiene que funcionar mediante bloques cerrados.

También puede hacerlo mediante acuerdos.


La verdadera prueba llegará con las urnas

Sin embargo, todavía queda una cuestión por resolver.

Los pactos políticos pueden funcionar mientras existe una voluntad común de mantenerlos.

Pero los calendarios electorales terminan poniendo a prueba cualquier alianza.

Las próximas elecciones municipales permitirán comprobar si la experiencia de gobierno compartido ha convencido a la ciudadanía.

Los vecinos tendrán entonces la oportunidad de valorar qué ha funcionado, qué no lo ha hecho y qué formación merece volver a gobernar.

Y también podrán decidir si quieren repetir fórmulas de entendimiento o regresar a un escenario de mayor competencia entre las diferentes fuerzas políticas.

Será entonces cuando se pueda comprobar el verdadero alcance de esta experiencia.


Una excepción política que merece ser observada

Teror se ha convertido, de esta manera, en uno de esos municipios donde la política ofrece una imagen diferente a la que muchas veces se proyecta desde los grandes escenarios.

PP y PSOE pueden ser adversarios en las urnas y socios en el gobierno.

Pueden mantener sus diferencias y, al mismo tiempo, ponerse de acuerdo.

Pueden competir por convencer a los vecinos y, cuando llega el momento de gobernar, compartir responsabilidades.

Y quizá ahí esté la principal enseñanza de este caso.

La política no siempre tiene que terminar en enfrentamiento.

También puede terminar en un acuerdo.

La cuestión, naturalmente, es si ese acuerdo beneficia al municipio.

Porque al final, más allá de las siglas, de los pactos y de las estrategias partidistas, será la ciudadanía de Teror quien determine con su valoración si esta fórmula ha funcionado.

Mientras tanto, la villa mariana mantiene una situación política poco habitual en Canarias.

Un Partido Popular y un PSOE capaces de gobernar juntos.

Una Alcaldía compartida.

Un acuerdo que ha sobrevivido a su primera gran prueba.

Y una pregunta que permanece abierta:

¿Estamos ante una excepción puntual o ante una forma diferente de entender la política municipal?

El tiempo —y, sobre todo, las urnas— tendrán la última palabra.