Alfredo Kraus, 27 años después: Canarias recuerda a la voz que conquistó al mundo

El gran tenor grancanario falleció un 10 de septiembre de 1999, dejando tras de sí una de las trayectorias más brillantes de la lírica española y un legado que continúa vivo en la memoria de varias generaciones

Hay voces que desaparecen cuando dejan de sonar y otras que, incluso después de décadas, permanecen intactas en la memoria. La de Alfredo Kraus pertenece, sin ninguna duda, a ese segundo grupo.

Tal día como hoy, 10 de septiembre de 1999, fallecía en Madrid, a los 71 años, el tenor grancanario que durante décadas llevó el nombre de Canarias a los escenarios más importantes del mundo. Han pasado 27 años, pero Alfredo Kraus continúa siendo una de las grandes referencias de la lírica española y una figura inseparable de la historia cultural de Gran Canaria.

Kraus no fue únicamente un cantante extraordinario. Fue un intérprete de una extraordinaria exigencia técnica, un artista de enorme elegancia y un maestro que entendió el canto como una combinación de disciplina, conocimiento, sensibilidad y respeto absoluto por la música.

Hoy, Canarias vuelve la mirada hacia aquel hombre nacido en Las Palmas de Gran Canaria el 24 de noviembre de 1927, cuya voz llegó a convertirse en una de las más admiradas de la segunda mitad del siglo XX.

Una voz nacida en Gran Canaria que terminó conquistando el mundo

Alfredo Kraus Trujillo nació en la capital grancanaria, en el seno de una familia formada por un padre de origen austríaco y una madre canaria. Desde muy joven mostró inclinación por la música y comenzó su formación musical siendo todavía un niño.

Sin embargo, su camino hacia los grandes escenarios no fue inmediato. Antes de entregarse por completo al canto cursó estudios técnicos y llegó a obtener el título de perito industrial. Fue posteriormente, ya en su juventud, cuando decidió convertir la música en el centro de su vida.

Su formación le llevó por distintas ciudades españolas hasta llegar a Milán, donde perfeccionó su técnica con la prestigiosa profesora Mercedes Llopart. Aquella preparación sería fundamental para construir una carrera caracterizada precisamente por una extraordinaria precisión vocal.

En 1956, su debut internacional en El Cairo, interpretando al Duque de Mantua de Rigoletto, marcó el comienzo de una trayectoria que lo llevaría a los principales teatros y auditorios internacionales.

A partir de entonces llegarían escenarios como La Scala de Milán, el Covent Garden de Londres, el Metropolitan Opera de Nueva York y numerosas salas de referencia de Europa y América.

Y en todos ellos, Alfredo Kraus llevó consigo algo que nunca abandonó: su identidad canaria.

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El tenor de la elegancia, la técnica y la perfección

Kraus construyó una carrera particularmente vinculada al repertorio lírico, con personajes que terminaron formando parte de su sello artístico.

Entre ellos destaca especialmente Werther, de Jules Massenet, un papel con el que mantuvo una relación artística extraordinaria y que se convirtió en una de las interpretaciones más recordadas de toda su trayectoria.

También fueron fundamentales sus interpretaciones en obras como La Traviata, Rigoletto, Lucia di Lammermoor, La hija del regimiento, La sonámbula, Romeo y Julieta, Fausto o La favorita, además de su importante presencia en la zarzuela.

Su técnica vocal, su control del instrumento y su extraordinaria capacidad para mantener la calidad de su voz a lo largo de los años hicieron de Kraus un caso excepcional.

No necesitó una carrera basada en la cantidad. Su filosofía artística estuvo mucho más relacionada con la calidad, la selección del repertorio y la perfección de cada interpretación.

Esa manera de entender el canto contribuyó a convertirlo en uno de los grandes tenores españoles del siglo XX.

Una vida dedicada también a enseñar

La figura de Alfredo Kraus no terminó en los escenarios.

Durante los últimos años de su trayectoria tuvo una especial dedicación a la enseñanza del canto, transmitiendo a nuevas generaciones buena parte de los conocimientos adquiridos durante décadas de carrera.

Para Kraus, cantar no consistía simplemente en poseer una buena voz. La técnica, el estudio, la preparación y la inteligencia musical eran elementos indispensables para un artista.

Ese pensamiento quedó reflejado también en su propia trayectoria: incluso cuando ya había alcanzado fama internacional, continuó siendo extremadamente exigente consigo mismo.

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El reconocimiento de Canarias y de España

La tierra que lo vio nacer supo reconocer muy pronto la dimensión de su figura.

Alfredo Kraus recibió en 1985 el Premio Canarias de Bellas Artes e Interpretación y, seis años después, en 1991, recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Artes, uno de los mayores reconocimientos culturales de España.

Su nombre quedó además unido para siempre a Las Palmas de Gran Canaria con la construcción del Auditorio Alfredo Kraus, inaugurado en 1997 y convertido desde entonces en uno de los grandes referentes culturales de Canarias.

El edificio, situado frente al Atlántico, constituye hoy uno de los homenajes más visibles a aquel grancanario que llevó la música canaria a los escenarios internacionales.

Un 10 de septiembre que quedó marcado para siempre

El 10 de septiembre de 1999, Alfredo Kraus fallecía en Madrid después de luchar contra una enfermedad que había deteriorado gravemente su salud durante sus últimos meses.

Su muerte provocó una profunda conmoción en el mundo de la cultura y, especialmente, en Canarias.

El Gobierno de Canarias declaró tres días de luto oficial por su fallecimiento, en reconocimiento a la dimensión de una figura que había llevado el nombre de las islas por los grandes teatros internacionales.

Pero quizá uno de los episodios que mejor refleja el cariño que despertaba Alfredo Kraus se produjo durante su despedida en Madrid.

Cuando su féretro abandonó el Teatro Real después de la ceremonia celebrada en su memoria, el público le dedicó un aplauso que se prolongó durante aproximadamente 35 minutos.

Treinta y cinco minutos de aplausos.

Una última ovación para un hombre que había dedicado más de cuatro décadas a emocionar precisamente desde aquel lugar en el que mejor sabía expresarse: un escenario.

Fue una despedida extraordinariamente simbólica. El público no quería simplemente decir adiós a un artista. Quería agradecerle todo lo que había recibido de él.

Canarias no olvida a Alfredo Kraus

Con el paso de los años, la figura de Alfredo Kraus no ha desaparecido.

Su nombre permanece en el gran auditorio de Las Palmas de Gran Canaria, en calles, monumentos, instituciones, archivos y, sobre todo, en la memoria de quienes tuvieron la oportunidad de escucharlo.

La Fundación Internacional Alfredo Kraus continúa preservando su legado y su trayectoria sigue siendo objeto de homenajes y recuerdos.

Sus restos reposan hoy en el Panteón de los Ilustres del Cementerio de Vegueta, en la ciudad que lo vio nacer, junto a los de su esposa. De alguna manera, aquel viaje que comenzó en las calles de Las Palmas de Gran Canaria terminó regresando a casa.

Y quizá sea precisamente ahí donde reside una de las partes más emotivas de su historia.

Alfredo Kraus recorrió el mundo entero. Cantó en los teatros más importantes, compartió escenario con algunas de las grandes figuras de la lírica internacional y recibió los mayores reconocimientos.

Pero Canarias siempre fue su casa.

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27 años después, su voz sigue sonando

Hoy, 10 de septiembre de 2026, se cumplen 27 años de aquella despedida.

Han cambiado los escenarios, las generaciones y la forma de escuchar música. Han aparecido nuevas voces y nuevos artistas. Pero el nombre de Alfredo Kraus continúa ocupando un lugar privilegiado en la historia de la música española.

Porque algunas voces no pertenecen únicamente a una época.

Pertenecen a la memoria.

Y la de Alfredo Kraus sigue siendo una de ellas.

Hoy Canarias recuerda al hombre que convirtió su voz en arte, que llevó el nombre de Gran Canaria por el mundo y que hizo de la elegancia, la técnica y la excelencia una forma de entender la música.

27 años después de su muerte, el gran maestro sigue presente.

Y quizá la mejor manera de recordarlo sea volver a escuchar aquella voz limpia, precisa y extraordinaria que durante décadas hizo que los grandes teatros del mundo guardaran silencio para escuchar a un canario.

Alfredo Kraus.

El maestro. El tenor. La voz de Canarias. 🖤🎶

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