12.870 alumnos regresan a las aulas en una ciudad que afronta el comienzo del curso bajo un dispositivo extraordinario de seguridad y con preocupación entre parte de las familias y la comunidad educativa
Ceuta ha dado este martes el pistoletazo de salida al nuevo curso escolar en unas circunstancias extraordinarias. Un total de 12.870 alumnos están llamados a regresar a las aulas en una jornada marcada por un amplio dispositivo de seguridad, la presencia de vigilancia privada en todos los centros educativos y las medidas especiales adoptadas por las administraciones para tratar de garantizar que la actividad lectiva pueda desarrollarse con normalidad.

La apertura oficial del curso cuenta con la presencia de la ministra de Educación, Formación Profesional y Deportes, Milagros Tolón, que se ha desplazado hasta la ciudad autónoma en una jornada especialmente significativa para una comunidad educativa que afronta el regreso a las aulas después de las circunstancias excepcionales vividas durante las últimas semanas.
El inicio de las clases afecta a estudiantes de todas las etapas educativas. En concreto, están previstos 1.998 alumnos de Infantil, 5.337 de Primaria, 4.501 de Secundaria y 1.034 de Bachillerato.
El alumnado se incorpora a 13 centros públicos de Infantil y Primaria, seis colegios concertados y seis institutos, en un contexto que ha obligado a reforzar de manera extraordinaria las medidas de prevención y seguridad alrededor de las instalaciones educativas.
Seguridad privada en todos los colegios e institutos
Una de las principales novedades de este comienzo de curso es la decisión de establecer servicios de seguridad privada en todos los centros educativos de Ceuta, incluidos los colegios concertados.
La medida responde a las peticiones trasladadas durante las últimas semanas por diferentes representantes de la comunidad educativa y tiene como objetivo reforzar la protección de los centros y proporcionar mayor tranquilidad tanto al alumnado como a sus familias y a los profesionales que trabajan en ellos.
El dispositivo no se limita al interior de los colegios e institutos. La planificación contempla también un incremento de la vigilancia en los alrededores de los centros y en determinados puntos considerados especialmente sensibles.
La actuación coordinada de los distintos cuerpos policiales pretende garantizar que las entradas y salidas de los alumnos puedan realizarse con normalidad y que los desplazamientos hacia los centros educativos se desarrollen dentro de un entorno controlado.
La ministra de Educación ha defendido que los centros educativos de Ceuta son seguros y que las medidas adoptadas buscan precisamente facilitar el regreso a la rutina escolar.
El objetivo declarado por las administraciones es que estas actuaciones permitan recuperar progresivamente la normalidad sin perder de vista las circunstancias excepcionales que atraviesa la ciudad.
Un regreso a las aulas condicionado por la situación de la ciudad
El comienzo del curso se produce después de la crisis registrada a finales del pasado mes de julio, cuando decenas de miles de personas llegaron desde Marruecos a Ceuta en un episodio que provocó una situación extraordinaria y que continúa teniendo consecuencias sobre distintos ámbitos de la vida cotidiana de la ciudad.
En estos momentos, la situación migratoria continúa siendo uno de los principales factores que condicionan la actividad de las administraciones ceutíes.
Los datos manejados por el Gobierno de Ceuta sitúan en torno a 9.000 las personas migrantes que permanecen actualmente en la ciudad, una circunstancia que ha obligado a mantener diferentes dispositivos de atención y acogida.
La proximidad de algunos de estos espacios a determinadas instalaciones educativas ha generado además la necesidad de adoptar medidas específicas para evitar que la situación pueda afectar al normal funcionamiento de los centros.
En este escenario, el regreso de miles de menores a las aulas ha requerido una planificación especial que va mucho más allá de la organización habitual de un comienzo de curso.
La preocupación de las familias
La situación también ha provocado inquietud entre una parte de las familias ceutíes.
El debate no se limita exclusivamente a las condiciones existentes dentro de los centros educativos. Una de las principales preocupaciones se encuentra precisamente en los desplazamientos de los estudiantes, especialmente en los momentos de entrada y salida de los colegios e institutos.
Las familias quieren garantías sobre el recorrido que realizan sus hijos, las zonas próximas a los centros y las condiciones existentes durante los periodos inmediatamente anteriores y posteriores a la jornada lectiva.
La percepción de la situación, no obstante, no es uniforme.
Mientras algunas familias consideran que las medidas adoptadas permiten recuperar la actividad educativa y apuestan por que los alumnos regresen a clase con normalidad, otras mantienen reservas ante la situación que atraviesa la ciudad y reclaman que el dispositivo de seguridad se mantenga mientras persistan las circunstancias que han generado preocupación.
Las autoridades educativas han tratado de trasladar un mensaje de tranquilidad y han insistido en que se han puesto en marcha los recursos necesarios para garantizar el desarrollo del curso.

El sistema educativo afronta además el reto de los recursos
A la cuestión de la seguridad se suma otra preocupación que afecta directamente al funcionamiento de los centros: la disponibilidad de personal y recursos educativos suficientes.
Los representantes de los trabajadores han advertido de que el sistema educativo ceutí afronta el nuevo curso con importantes necesidades en materia de personal, especialistas y medios para atender adecuadamente a todo el alumnado.
La situación adquiere especial relevancia ante el posible incremento de las necesidades educativas derivadas de la situación migratoria y de la atención a los menores que permanecen bajo protección de la ciudad.
Según las organizaciones sindicales, alrededor de 1.500 menores no acompañados se encuentran actualmente dentro del sistema de protección, una realidad que plantea un desafío añadido para las administraciones educativas.
La eventual escolarización de estos menores requeriría, según los representantes de los trabajadores, una planificación específica y la dotación de los recursos necesarios para evitar que los centros tengan que asumir una presión adicional sin disponer de los medios suficientes.
El objetivo pasa por garantizar que cualquier incorporación pueda realizarse con garantías tanto para los nuevos alumnos como para el resto de estudiantes y para los profesionales encargados de su atención.
Medidas especiales para determinados centros
La excepcionalidad del momento también ha obligado a introducir cambios organizativos en algunos centros educativos.
En determinados casos se han planteado modificaciones de horarios y servicios para evitar que los estudiantes tengan que permanecer durante periodos prolongados en el exterior de los centros antes o después de las clases.
Estas medidas pretenden reducir los tiempos de espera en la vía pública y favorecer que los alumnos permanezcan en espacios controlados mientras esperan para acceder a las instalaciones o regresar a sus domicilios.
También se han contemplado actuaciones específicas en materia de apoyo psicosocial.
La situación vivida durante las últimas semanas puede generar preocupación, ansiedad o incertidumbre tanto entre los menores como entre sus familias y los propios trabajadores de los centros. Por ello, las actuaciones educativas no se centran únicamente en la seguridad física, sino también en proporcionar herramientas de apoyo emocional cuando sean necesarias.
Una vuelta al colegio que pone a prueba a toda la comunidad educativa
El comienzo de este curso representa, en definitiva, un desafío para toda la comunidad educativa de Ceuta.
Para los alumnos supone recuperar las rutinas, reencontrarse con sus compañeros y profesores y comenzar un nuevo año académico.
Para las familias significa recuperar la actividad cotidiana con la tranquilidad de saber que sus hijos pueden acudir a los centros educativos en condiciones adecuadas.
Y para los docentes y equipos directivos implica afrontar un curso que comienza con una presión añadida y que exigirá una especial capacidad de adaptación ante las circunstancias que puedan producirse durante las próximas semanas.
La presencia de seguridad privada en todos los centros constituye una imagen poco habitual en un inicio de curso y refleja las especiales circunstancias en las que Ceuta afronta este regreso a las aulas.
Sin embargo, las autoridades han insistido en que se trata de medidas destinadas precisamente a permitir que los colegios e institutos funcionen con normalidad y que los estudiantes puedan desarrollar su actividad educativa sin que la situación exterior interfiera en su formación.
Los próximos días serán determinantes
El inicio de las clases permitirá comprobar sobre el terreno cómo funcionan las medidas adoptadas y cuál es la respuesta de las familias, los estudiantes y los profesionales de la enseñanza.
La asistencia efectiva a los centros, el comportamiento de los desplazamientos escolares, la evolución de la situación en las inmediaciones de colegios e institutos y las necesidades que puedan surgir durante las primeras semanas serán algunos de los principales indicadores para evaluar el funcionamiento del dispositivo.
También será necesario observar cómo evoluciona la situación de los menores no acompañados y qué decisiones se adoptan respecto a su atención educativa.
Por ahora, el objetivo de las administraciones es claro: garantizar que ningún alumno vea interrumpido su derecho a la educación y que el curso pueda desarrollarse con las mayores garantías posibles.
Ceuta inicia así un nuevo año académico bajo una vigilancia mucho mayor de la habitual y con un importante despliegue de recursos. La ciudad afronta el reto de recuperar sus rutinas mientras mantiene activos los dispositivos necesarios para responder a una situación que continúa siendo excepcional.
Con miles de alumnos de nuevo en las aulas, comienza ahora la verdadera prueba: comprobar si todas las medidas adoptadas permiten que, más allá de la excepcionalidad del dispositivo de seguridad, los centros educativos puedan recuperar poco a poco la normalidad y convertirse nuevamente en el espacio de aprendizaje, convivencia y tranquilidad que deben ser para toda la comunidad educativa.

