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La investigación ha permitido identificar al sospechoso mediante pruebas de ADN, técnicas de análisis genético y la reconstrucción de un árbol genealógico. El detenido ha ingresado en prisión por orden judicial.
La Policía Nacional ha detenido al presunto responsable de la agresión sexual y el asesinato de una mujer cometido en octubre de 2017 en un garaje comunitario del barrio de Añaza, en Santa Cruz de Tenerife. El arresto, comunicado el miércoles 21 de octubre de 2026, culmina una investigación que ha permanecido activa durante casi nueve años.
Las pesquisas desarrolladas por el Grupo de Homicidios de la Policía Nacional de Santa Cruz de Tenerife han permitido identificar al sospechoso gracias al análisis de indicios biológicos, una coincidencia de ADN y la aplicación de técnicas especializadas de investigación genética y genealógica.
El detenido tenía 22 años en el momento de los hechos. Tras su arresto, los agentes realizaron una entrada y registro en su vivienda para recabar nuevos indicios. Posteriormente, fue puesto a disposición de la autoridad judicial competente, que decretó su ingreso en prisión.
Los hechos se remontan a la madrugada del 19 de octubre de 2017. La mujer se encontraba en el garaje comunitario de su edificio, situado en el barrio de Añaza, y se disponía a subir a su vehículo para desplazarse a su puesto de trabajo en el municipio de El Rosario.
Según la información facilitada por la Policía Nacional, fue abordada por sorpresa y sufrió una agresión sexual antes de ser asesinada. La violencia ejercida durante el ataque apenas le permitió defenderse.
La investigación se puso en marcha para esclarecer las circunstancias del crimen e identificar a su responsable. Sin embargo, durante los primeros meses, la ausencia de testigos directos y la falta de un perfil claro del agresor dificultaron el avance de las pesquisas.
Los investigadores examinaron diferentes líneas de trabajo y analizaron los indicios disponibles, aunque inicialmente no consiguieron establecer una identidad concluyente.
El rumbo de la investigación cambió aproximadamente seis meses después, cuando otra mujer fue asaltada en el interior de un edificio del cercano barrio de Santa María del Mar.
En esta segunda ocasión, la víctima consiguió pedir ayuda a los vecinos, circunstancia que provocó la huida del agresor. Tras la intervención policial, los agentes recuperaron un pañuelo que había quedado abandonado en el lugar.
El objeto fue sometido a un análisis por parte de la Policía Científica. Los especialistas obtuvieron una muestra biológica cuyo perfil genético coincidía con el encontrado en la escena del crimen de Añaza.
Esta coincidencia permitió relacionar ambos sucesos y abrió una nueva vía de investigación para tratar de identificar al responsable. Los agentes comenzaron a trabajar sobre la posible conexión entre las dos agresiones y el entorno geográfico en el que se habían producido.
La coincidencia de ADN constituyó un elemento fundamental, pero todavía era necesario determinar la identidad de la persona a la que correspondían las muestras biológicas.
Para avanzar en esa dirección, la investigación contó con la aplicación de técnicas de análisis del origen biogeográfico de las muestras, desarrolladas con la participación de la Universidad de Santiago de Compostela.
Según la información difundida sobre el caso, estos análisis permitieron obtener una descripción física aproximada del sospechoso. Se trata de una herramienta orientativa que debe interpretarse junto con el resto de las pruebas y que, por sí sola, no permite identificar de manera concluyente a una persona.
La investigación también recurrió a técnicas de cribado genético dirigidas a reconstruir un árbol genealógico que facilitara la identificación del presunto autor.
La reconstrucción genealógica exigió consultar archivos y libros de registros parroquiales que abarcaban desde principios del siglo XIX hasta la actualidad.
La revisión de esta documentación permitió a los investigadores estudiar posibles vínculos familiares y avanzar en las comprobaciones necesarias para llegar hasta el sospechoso.
En este proceso resultó especialmente relevante la participación del laboratorio de Biología-ADN de la Comisaría General de Policía Científica, cuya intervención fue destacada entre los elementos fundamentales para la resolución policial del caso.
La combinación de los indicios biológicos, las técnicas de análisis genético y el trabajo documental permitió avanzar en una investigación que llevaba abierta prácticamente una década.
Una vez identificado el presunto responsable, los agentes procedieron a su detención y practicaron una entrada y registro en su domicilio para recabar nuevos datos que contribuyeran al esclarecimiento de los hechos.
La actuación culminó una investigación que había comenzado en octubre de 2017 y que fue avanzando a partir del análisis de pruebas forenses y de la aplicación de técnicas científicas especializadas.
El detenido fue puesto a disposición de la autoridad judicial competente, que decretó su ingreso en prisión.
La detención supone un avance relevante en el esclarecimiento del crimen de Añaza. No obstante, el procedimiento judicial deberá continuar conforme a las garantías legales y a la valoración de las pruebas que correspondan.
El ingreso en prisión es una decisión judicial que no equivale a una condena. Por tanto, el detenido debe ser considerado presunto autor de los hechos mientras no exista una resolución judicial firme que determine su responsabilidad penal.
El caso pone de relieve la importancia de conservar y analizar adecuadamente los indicios biológicos, así como el papel que pueden desempeñar las nuevas técnicas científicas en investigaciones criminales prolongadas.
En esta investigación, la coincidencia genética entre dos sucesos y el posterior trabajo de identificación permitieron a los agentes avanzar hasta la detención del sospechoso nueve años después del crimen.
Puerto Radio informa respetando la presunción de inocencia y sin atribuir al detenido una culpabilidad que corresponde determinar a la autoridad judicial.