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La polémica por el calendario institucional en Tenerife sube de nivel y salta oficialmente al ámbito regional. La Plataforma Cívica 2 de Febrero ha iniciado una ofensiva institucional tras remitir una carta formal y un exhaustivo dosier a los 88 ayuntamientos y a los siete cabildos de Canarias. ¿El objetivo? Alertar sobre la necesidad urgente de proteger la festividad de la Virgen de Candelaria frente al intento de solaparla con el nuevo Día de Tenerife.
Desde el colectivo lo tienen claro: el 2 de febrero no es patrimonio exclusivo de una sola isla. La Patrona de Canarias representa un símbolo común, histórico y cultural para todo el Archipiélago, por lo que consideran que alterar el sentido de esta fecha afecta de lleno a la identidad de los canarios de todas las islas.
La asociación ya ha dado el paso en el ámbito insular al presentar una solicitud formal ante el Cabildo de Tenerife para que reconsidere su decisión y fije la celebración en cualquier otra jornada del año.
Los impulsores de la protesta no se oponen a que la isla tenga su propia fiesta institucional —algo que incluso ven con buenos ojos—, pero critican la falta de sensibilidad al elegir justamente el día consagrado a la Candelaria. Según advierten, esta coincidencia provocará que el significado religioso, histórico y patriarcal de la Patrona vaya quedando relegado en un segundo plano a favor del evento político e institucional.
El presidente de la plataforma, Alfredo Blas Arencibia Saavedra, ha sido tajante al respecto: “Día de Tenerife, sí; no, a celebrarlo el 2 de febrero. Hay muchas fechas posibles para celebrar con orgullo nuestra isla, pero el 2 de febrero debe seguir siendo, íntegramente, el día de la Patrona de Canarias”.
El informe remitido a las instituciones recuerda que la advocación de la Candelaria como Patrona de las islas fue decretada nada menos que por el papa Clemente VIII en el año 1599. Por ello, la plataforma exige una respuesta madura, responsable y respetuosa con la memoria histórica a todos los alcaldes y presidentes insulares para evitar que se desvirtúe una tradición con más de 420 años de historia.