“Memorias de un Grillo Blanco” une ciencia, arte y participación ciudadana en Punta Mujeres para poner en valor uno de los ecosistemas más singulares y frágiles de Canarias
Hay un pequeño habitante de Lanzarote que apenas mide unos centímetros y que, sin embargo, se ha convertido en uno de los grandes símbolos de la biodiversidad de la isla. Es el conocido como jameíto o “grillo blanco”, un pequeño crustáceo que vive en las aguas subterráneas y costeras de Lanzarote y cuya existencia está estrechamente ligada a uno de los ecosistemas más desconocidos y singulares de Canarias.
Su historia, su evolución y la necesidad de proteger el entorno en el que vive son el eje del festival “Memorias de un Grillo Blanco”, una iniciativa impulsada por el Geoparque Lanzarote que durante estos días ha llevado hasta Punta Mujeres diferentes actividades relacionadas con la ciencia, el arte, la divulgación y la participación ciudadana.

El programa alcanza este sábado 8 de agosto su jornada de cierre, después de cuatro días de actividades destinadas a acercar a la población a un patrimonio natural que, en buena parte, permanece oculto bajo el paisaje volcánico de la isla.
Un animal que no es un grillo y que solo existe en Lanzarote
Aunque popularmente se le conoce como “grillo blanco” o jameíto, el animal tiene poco que ver con los insectos que conocemos como grillos.
Su nombre científico es Munidopsis polymorpha y pertenece al grupo de los crustáceos decápodos. Su pequeño cuerpo de color blanquecino y sus adaptaciones a la oscuridad lo convierten en una especie extraordinariamente singular.

Pero existe un dato que explica buena parte de su importancia: es una especie endémica de Lanzarote, lo que significa que no vive de forma natural en ningún otro lugar del planeta.
Su evolución está vinculada a los ambientes subterráneos y a las particulares condiciones de las aguas donde habita. La ausencia de luz y las características del medio han condicionado su desarrollo evolutivo, convirtiéndolo en uno de los ejemplos más llamativos de adaptación a ambientes extremos.
La vida escondida bajo los volcanes
La importancia del jameíto no puede entenderse sin conocer el lugar donde vive.
Lanzarote alberga algunos de los ecosistemas anquialinos más importantes de Canarias. Se trata de ambientes acuáticos subterráneos conectados de manera indirecta con el mar, que pueden encontrarse en cuevas, tubos volcánicos, jameos y otras cavidades del litoral.
Son espacios donde se mezclan las características del medio marino y subterráneo, creando unas condiciones ambientales muy diferentes de las que encontramos en la superficie.
En estos lugares pueden desarrollarse especies especialmente adaptadas a la oscuridad, la escasez de alimento y unas condiciones ambientales muy concretas.
Por ello, los ecosistemas anquialinos constituyen auténticos laboratorios naturales para estudiar la evolución y la biodiversidad.
Jameos del Agua, uno de sus grandes refugios
El entorno de Jameos del Agua se ha convertido en uno de los lugares más conocidos asociados al jameíto.
Las poblaciones de Munidopsis polymorpha que habitan estos ambientes han despertado durante décadas el interés de investigadores y especialistas, precisamente por las características únicas de la especie y la fragilidad del ecosistema que ocupa.
La presencia de este pequeño crustáceo convierte estos espacios volcánicos en algo mucho más que un atractivo paisajístico.
Bajo el paisaje que contempla el visitante existe un ecosistema de enorme valor científico y biológico.
El jameíto está catalogado como especie en peligro de extinción, por lo que su protección está estrechamente vinculada a la conservación de los ecosistemas anquialinos en los que desarrolla su ciclo vital.
Un ecosistema extremadamente frágil
Precisamente por sus características, los ecosistemas anquialinos son especialmente sensibles a las alteraciones.
El equilibrio de estos ambientes depende de unas condiciones físicas y químicas muy concretas. La contaminación, determinadas alteraciones del medio, la presión humana o cualquier modificación de las condiciones del agua pueden afectar a organismos que han evolucionado durante miles de años en estos espacios.
Por eso, proteger al jameíto significa también proteger todo el ecosistema que permite su supervivencia.
El pequeño crustáceo se convierte así en una especie emblemática para explicar la importancia de conservar un patrimonio natural que, en muchos casos, no resulta visible para quienes recorren la isla.
“Memorias de un Grillo Blanco”: cuando la ciencia sale a la calle
Con este planteamiento nace el festival “Memorias de un Grillo Blanco”.
La propuesta del Geoparque Lanzarote busca acercar el conocimiento científico a la ciudadanía utilizando diferentes disciplinas artísticas y culturales.

Durante estos días, Punta Mujeres ha acogido exposiciones fotográficas, ponencias, actividades participativas y diferentes propuestas destinadas a recuperar la memoria relacionada con estos ecosistemas.
La iniciativa pretende que la población no contemple el jameíto únicamente como una curiosidad de la naturaleza, sino como el símbolo de una historia evolutiva y de un patrimonio natural ligado al territorio.
El arte se convierte así en una herramienta para hablar de ciencia, biodiversidad y conservación.
Ciencia y participación ciudadana
Uno de los aspectos más interesantes de la iniciativa es la incorporación de la ciudadanía a las actividades.
El objetivo es que el conocimiento sobre los ecosistemas anquialinos no permanezca exclusivamente en manos de investigadores y especialistas, sino que pueda ser compartido con la población local.
Este planteamiento conecta con iniciativas anteriores desarrolladas en Lanzarote para divulgar el llamado Portal Anquialino y promover la ciencia ciudadana.

La participación de los vecinos permite además recuperar recuerdos y experiencias relacionadas con pozos, jameos, charcos, galerías y otros espacios vinculados históricamente al agua y al paisaje volcánico.
De esta manera, la conservación de la biodiversidad se relaciona también con la memoria cultural de quienes han vivido y trabajado en la isla.
Cuatro días para mirar Lanzarote de otra manera
El festival comenzó el 4 de agosto y ha desarrollado durante estos días diferentes propuestas en Punta Mujeres.

Las actividades han combinado exposiciones, divulgación científica, talleres, encuentros y acciones artísticas, con el objetivo de generar un espacio de encuentro entre investigadores, artistas y ciudadanía.
La construcción colectiva de la figura del Grillo Blanco ha sido una de las propuestas destacadas de esta edición, convirtiendo al pequeño crustáceo en protagonista de una creación artística compartida.
La iniciativa busca precisamente que el conocimiento científico pueda transmitirse de una forma accesible, cercana y participativa.
El gran cierre será este sábado
“Memorias de un Grillo Blanco” llegará a su final este sábado 8 de agosto, con varias actividades.
La programación prevista incluye:
11:30 horas: taller “Conviértete en Grillo Blanco”.
18:30 horas: mural “Memorias de un Grillo Blanco”.
20:30 horas: pasacalles “¡Los Grillos Blancos Salen a la Calle!”, acompañado de batucada y desfile de caretas.
La jornada servirá como despedida de cuatro días en los que Punta Mujeres se ha convertido en punto de encuentro para hablar de biodiversidad, volcanes, agua, evolución, arte y memoria.
El gran pasacalles pondrá el broche final a una celebración que pretende sacar el jameíto de los espacios científicos y convertirlo en un elemento de identidad colectiva.
Un pequeño crustáceo para contar una gran historia
La historia del jameíto es, en realidad, la historia de una isla.
Es la historia de los volcanes que transformaron el territorio, de los tubos y cavidades creados por las erupciones, del agua que se abre camino bajo tierra y de las especies que encontraron en esos ambientes un lugar donde evolucionar.
También es la historia de las personas que durante generaciones han convivido con ese paisaje y han utilizado sus recursos.
Por eso, “Memorias de un Grillo Blanco” va mucho más allá de un festival cultural.
La iniciativa pretende recordar que Lanzarote posee un patrimonio natural excepcional que no siempre se encuentra a la vista.
Bajo los jameos y las formaciones volcánicas existe un mundo prácticamente invisible que alberga especies únicas y ecosistemas extremadamente delicados.
Y entre todos esos habitantes, un pequeño crustáceo blanco se ha convertido en uno de los mejores embajadores de esa riqueza.
El jameíto como símbolo de conservación
La protección de Munidopsis polymorpha representa uno de los retos de conservación de la biodiversidad de Lanzarote.
Su carácter endémico implica que cualquier problema que afecte a sus poblaciones tiene una importancia especialmente elevada, ya que la especie no cuenta con poblaciones naturales fuera de Lanzarote.
La conservación del jameíto pasa necesariamente por mantener las condiciones de los ecosistemas anquialinos y por continuar investigando su biología, sus poblaciones y las amenazas que pueden afectar a estos ambientes.
El festival organizado por el Geoparque contribuye precisamente a poner el foco sobre esa realidad.
Porque conocer un ecosistema es también el primer paso para protegerlo.
Y en Lanzarote, uno de los mejores ejemplos de esa riqueza se encuentra en un pequeño animal blanco que vive prácticamente oculto de nuestros ojos.
Un pequeño “grillo” que no es un grillo, que solo existe en Lanzarote y que guarda bajo la superficie una historia de evolución de extraordinario valor.
